XXII ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE

FRAY CARLOS DE DIOS MURIAS

 

1.- VIDA.

Fray Carlos nació el 10 de octubre de 1945 en Córdoba, que es la segunda ciudad en importancia de la República Argentina. Está situada al noroeste del país.

Su padre era uno de los más conocidos políticos y caudillos de la sierra cordobesa. Su madre era maestra en el pueblo de Villa Giardino, hermoso paraje de la sierra. Fr. Carlos era el único varón de cuatro hijos. De su padre heredó el carácter fuerte, sincero y a veces duro que lo llevaba a decir lo que pensaba sin miedo y sin tapujos y de su madre heredó la constancia y la capacidad de lucha.

Cursó la escuela superior en el Liceo Militar de Córdoba porque su padre quería que fuera militar, pero Carlos no estaba de acuerdo. Cuando terminó los estudios, dejó el Liceo.

Conoció a nuestros frailes en un encuentro de focolarinos e ingresó con nosotros en 1965; en 1966 hizo el noviciado y la profesión simple. El 3 de diciembre de 1972 fue ordenado sacerdote en Buenos Aires por el obispo Mons. Enrique Angelelli que había conocido y de quien se había hecho amigo en su ciudad natal, cuando era obispo auxiliar de la misma y encargado de la juventud y de la pastoral obrera. Sus primeros trabajos apostólicos los desarrolló en Moreno en el Seminario menor y en los barrios que rodeaban dicho seminario. Trabajó luego unos meses en las barriadas más pobres de nuestra parroquia de José León Suárez, Gran Buenos Aires, y en 1975 obtuvo del Custodio provincial, fr. Jorge Morosinotto, el permiso para ir a trabajar en la diócesis de La Rioja donde era obispo titular Mons. Enrique Angelelli. Este lo nombró vicario parroquial en el pueblo de Chamical, ubicado en la zona llamada "Los Llanos Riojanos". En dicha zona hacía ya mucho tiempo que estaban trabajando también los frailes capuchinos.

Fr. Carlos fue bien recibido por la gente y aún ahora es recordado con cariño. En marzo de 1976 los militares destituyeron el gobierno constitucional y tomaron el poder. Ya anteriormente había tensiones entre los principales terrateniente y poderosos de la Provincia de La Rioja y el obispo Mons. Enrique . Los militares, que tenían una base en las afueras del pueblo, estaban de parte de la oligarquía. Para amedrentar al obispo comenzaron a amenazarlo y a amenazar a sus sacerdotes, religiosos, catequistas y colaboradores en general. Escuchaban y grababan todos los sermones y espiaban constantemente todos los movimientos, encuentros y actividades del obispo y de sus colaboradores. Tuvieron hasta el atrevimiento de enviarle una especie de resumen de la doctrina católica (evidentemente adaptada a la doctrina de la "Seguridad Nacional", abrazada por las fuerzas armadas). El 18 de julio de 1976 fr. Carlos y su párroco p. Gabriel fueron asesinados por los militares. Habían sido secuestrados la noche del domingo. Fueron encontrados, acribillados a tiros, por la tarde del lunes, a ocho kilómetros del pueblo cerca de las vías del tren . Era una evidente amenaza al obispo quien sin embargo siguío defendiendo firmemente su línea pastoral y sus principios evangélicos. Por eso quince días después mataron también a Mons. Angelelli, cuando volvía de Chamical a la Ciudad de la Rioja.

 

2.- SITUACION SOCIOPOLITICA.

En 1973 Argentina había vuelto a la institucionalidad después de una larga dictadura. Se permitieron elecciones libres que fueron ganadas por el partido peronista, fundado por Juan Domingo Perón, que era amado y apoyado por más del 50% del pueblo por las leyes en favor de los obreros y era odiado por los militares, los grandes terratenientes, los ricos y por muchos que habían sido perseguidos durante los anteriores gobiernos peronistas. Perón estaba viviendo en España, donde se había refugiado después de haber sido derrocado por los militares en el año 1955. Por la insistencia del pueblo, volvió a la Argentina y fue elegido nuevamente presidente. Pero murió un año después y le sucedió su mujer, Isabel de Perón. Dejó un clima político de mucha tensión y graves problemas sociales y económicos. Se pronunciaban encendidos discursos llenos de palabras fuertes y de amenazas. Pero además comenzó la guerrilla urbana y en la selva de la Provincia de Tucumán. La debilidad e ineficiencia de la presidente Isabel de Perón era total; la manejaban sus consejeros, uno de los cuales fundó un grupo de represión llamado "Triple A", que era sin duda alguna un verdadero grupo terrorista, pero apoyado por el gobierno. Así comenzó el terrorismo de estado.

El 23 de marzo de 1976, sacando como escusa que la situación socio-política y económica era insostenible, los militares hicieron otro golpe de estado, tomaron el poder e impusieron un régimen durísimo. Las fuerzas armadas habían abrazado la doctrina de la "Seguridad Nacional". El lema que habían escogido era el siguiente: "Somos Occidentales y Cristianos", en contraposición evidente con la guerrilla comunista que estaba creciendo cada vez más. Con este advenimiento empezó una represión sistemática y organizada de todos los que se oponía al régimen militar. Las desapariciones, las torturas, las muertes no se contaban. "El silencio era salud", decían; en efecto nadie sabía nada, o nadie se atrevía a decir nada y todos eran considerados culpables hasta que no se probara lo contrario. En cualquier momento del día o de la noche podían aparecer los coches de los militares para secuestrar a alguien y nadie podía oponerse, si no quería desaparecer. Fue a través de estos métodos que desaparecieron todos los estudiantes y los dirigentes juvenes que actualmente deberían ser los dirigentes políticos, sindicales etc. de la Argentina democrática: fue eliminada así toda una generación. Los desapaceridos fueron alrededor de 30.000.

La única que habría podido decir una palabra fuerte en este clima de terror, habría sido la gerarquía eclesiástica, pero muchos obispos y sacerdotes prefirieron callarse, o protestar en voz baja por temor, o por estar de acuerdo con los militares, aunque tal vez no aprobaban sus métodos de represión, o por otros motivos no tan santos (v.gr. conservar privilegios). Además los militares buscaron acallar lo más pronto las pocas voces que se levantaban en defensa de los sin voz. Fue por esto que mataron primero a cinco religiosos palotinos, pocos días más tarde a los sacerdotes, a un catequista y al obispo de la Rioja y seguidamente desaparecieron algunas religiosas, muchos catequistas y laicos comprometidos.

En otros países de América Latina la Iglesia gerárquica actuó de una manera mucho más decidida y más fuerte en contra de las dictaduras dominantes.

Es bueno acotar que en esos años casi todas las naciones de Centro y Latino América estaban gobernadas por dictaduras militares, salvo Venezuela y Costa Rica, lo que demuestra que ésta era una política apoyada y querida por los centros de poder internacionales.

 

3.- SITUACION DE LA PROVINCIA DE LA RIOJA.

La provincia (estado) de la Rioja, donde era obispo Mons. Angelelli y donde fue a trabajar fr. Carlos Murias, es una provincia de grandes diferencias sociales: hay unas pocas familias muy ricas y poderosas que poseen grandes estensiones de tierra y son dueños de las minas y otras riquezas naturales y , por otro lado, casi un 90% de pobres u obreros que son peones o poseen pequeñas parcelas de tierra (que trabajan con medios rudimentarios), o viven dell pastoreo de ovejas y cabras y un 60% son empleados estatales, provinciales, o municipales. Hay que añadir que el clima de esta provicnia es muy árido y caluroso y que quien tiene el riego llega a ser un poderoso. Por luchar en contra de esta situación de evidente injusticia, surgieron las primeras dificultades para el obispo porque, defendiendo a los pequeños propietarios en contra de los ricos terratenientes, que no permitían que el riego llegara a los campos de los pobres, tuvo que enfrentarse con las familias poderosas de La Rioja, con los políticos, que pertenecían a dichas familias, con los oligarcas, con los dueños de la prensa provincial y con los militares que apoyaban a los bienestantes. Antes que llegara fr. Carlos,, Mons. Enrique ya había tenido bastantes problemas con algún terrateniente y con la presnsa por sus discursos y sus tomas de posición frente a los políticos, los dueños de las grandes estancias y, después del golpe de marzo de 1976, con los militares. Como ya dije anteriormente, éstos trataron de amedrentar al obispo y a sus sacerdotes con amenazas telefónicas, escuchando y criticando los sermones siguiéndolos y observando todas las reuniones y encuentros, hasta que dieron primero el paso de encarcelar a algunos sacerdotes y colaboradores del obispo y luego mataron a fr. Carlos y a p. Gabriel y, pocos días más tarde, a un catequista. Por fin después de quince días eliminaron a Mons. Angelelli porque vieron que seguía firme en su camino evangélico y de defensa de los pobres y oprimidos.

 

4.- SITUACION ACTUAL.

Ya han pasado ventidos años desde esos momentos tan tristes y obscuros de la historia de la Argentina y del mundo. Los militares han sido juzgados, condenados e indultados por los distintos gobiernos democráticos subsiguientes a la caída de los mismos en 1983. El pueblo ha comprendido el horror de aquellos años, pero empieza a olvidar.

Por suerte la diócesis de La Rioja no olvida a sus mártires.Todos los años en el aniversario de la muerte de Carlos y Gabriel se reunen en Chamical todos los nuevos confirmados para reflexionar sobre el valor de ser testigos de Cristo como lo fueron los mártires riojanos. Salen de la parroquia y, caminando, percorren ocho kilómetros, hasta llegar al lugar en que los cuerpos de Carlos y Gabriel fueron encontrados acribillados por las balas de los militares. Allí se celebra la S.Misa presidida por lo general por el obispo diocesano, luego vuelven al pueblo donde se sirve el almuerzo a todos. En la misa del vigesimo aniversario participaron por lo menos 1200 personas.

En 1988 nuestra provincia Rioplatense comenzó una experiencia de vida religiosa inserta en Chamical. En el capítulo de 1995 fue eregida canónicamente la comunidad. Actualmente viven y trabajan en Chamical tres religiosos, dos sacerdotes y un hermano que ayudan no sólo al párroco del lugar sino a otros sacerdotes que pide su colaboración.


Fr. Graciano Zanin

Min. Prov.Rioplatense